hay una calle en Bangalore...
en la que el ruido, el calor, confunde los sentidos y las emociones se encuentran con la rabia contenida en los ojos de los niños. llevabamos reveladas, impresas, para ellos, fotos que les habiamos tomado en otros viajes, otros años..
Y allí seguian,
Con sus martillos, en el hierro, soldando chapa sin protección..
escrutándonos con sus ojos que ya no preguntan nada.
tienen diez años, trece, quince..
Hace dos y tres años ya estaban trabajando.
Hemos vuelto al mismo lugar, la misma gente.

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